Confieso que mi instinto inicial siempre fue «abrir el software y empezar a crear». Tenemos esa necesidad de ver resultados visuales rápidos. Sin embargo, el Certificado de Google UX y mi experiencia en proyectos reales me han enseñado una lección costosa: diseñar sin investigar es solo decorar.
En el Design Thinking, la primera fase no es dibujar, es Empatizar. Y aunque no sea la fase más estilística visualmente, es la que determina la rentabilidad del producto.
El error de la solución prematura
Cuando un cliente nos trae un problema, nuestro cerebro de diseñador salta inmediatamente a la solución visual: «Necesitamos una app con este color y este botón aquí». Pero, ¿estamos resolviendo el problema correcto?
Si dedico 40 horas a diseñar una interfaz perfecta (Pixel Perfect) para una función que el usuario no necesita, he tirado dinero y tiempo a la basura. La fase de empatía actúa como un filtro de seguridad financiera.
Datos vs. Suposiciones
Empatizar implica salir de nuestra burbuja. No soy el usuario (un mantra vital en UX). Herramientas como los Mapas de Empatía o los User Personas no son trámites burocráticos, son brújulas.
- Si descubro que mi usuario principal usa la app con una mano mientras sostiene a un bebé, ese dato cambia todo mi diseño visual (botones más grandes, zona inferior de la pantalla).
- Si hay demasiado información mi usuario se abruma y no sabe qué acción tiene que hacer.
Ninguna paleta de colores puede arreglar una mala decisión de base.
Conclusión
Como diseñadora visual, sigo amando la estética. Pero ahora entiendo que la estética es el final del viaje. La fase de empatía son los cimientos. Y al igual que en la arquitectura, si los cimientos fallan, da igual lo bonita que sea la fachada, la casa se caerá.