Durante años, mi lienzo fue una línea de tiempo en Premiere. Mi trabajo consistía en tomar fragmentos de realidad desordenados y organizarlos en una secuencia coherente que generara una emoción o transmitiera una idea.
Cuando decidí dar el salto al Diseño de Experiencia de Usuario (UX), muchos pensaron que era un cambio radical. ¿Qué tiene que ver editar video con diseñar una aplicación móvil? La respuesta corta es: todo.
El UX no es más que storytelling interactivo. La gran diferencia es que, en el cine, el director controla el tiempo; en el diseño de producto, el usuario tiene el control remoto.
Aquí explico cómo los principios fundamentales del montaje cinematográfico me han convertido en una mejor diseñadora de flujos de usuario.
1. El usuario es el protagonista (El Viaje del Héroe)
En cualquier buena historia visual, hay un protagonista con un objetivo claro y obstáculos en su camino.
En UX, el protagonista no es mi diseño, ni la marca; el protagonista es el usuario.
Mi experiencia editando me enseñó a identificar rápidamente: ¿Qué quiere este personaje? ¿Qué le impide conseguirlo? Si la audiencia (el usuario) no entiende el objetivo del protagonista en los primeros minutos, la película fracasa.
En el diseño de interfaces, aplico esto definiendo el «Happy Path» (el camino ideal). Mi trabajo es eliminar los obstáculos dramáticos para que el usuario cumpla su misión (comprar, registrarse, informarse) con la menor resistencia posible. El producto es solo la herramienta, el «mentor» que ayuda al héroe.
2. El «Corte Invisible» y la navegación fluida
Una de las reglas de oro del montaje clásico es que «el mejor corte es el que no se nota». Si el espectador se da cuenta de la edición, se rompe la inmersión.
En UX, la navegación entre pantallas son nuestros «cortes». Pasar de la pantalla de «Carrito» a la de «Pago» debe sentirse como una progresión natural, no como un salto brusco que desorienta.
Cuando diseño wireframes, pienso como una editora:
- ¿Tiene sentido este raccord (continuidad)?
- Si vengo de la pantalla A, ¿la pantalla B mantiene el contexto visual?
- ¿Estoy usando transiciones suaves para guiar el ojo, o estoy haciendo un «jump cut» agresivo que confunde al usuario?
3. El ritmo y la carga cognitiva
El montaje es ritmo. Sabes cuándo usar planos cortos y rápidos para generar tensión (acción) y cuándo usar planos largos y estáticos para la contemplación (drama).
En UX, esto se traduce en el manejo de la Carga Cognitiva:
- Ritmo rápido (baja carga): Para tareas repetitivas o de exploración, usamos interfaces limpias, con poca información por pantalla, que se consumen rápido (como un montaje picado de TikTok).
- Ritmo lento (alta carga): Cuando el usuario debe tomar una decisión crítica (ej. confirmar una transferencia bancaria o aceptar términos legales), debo «frenar» el ritmo. Uso más espacio en blanco, elimino distracciones y obligo a una pausa contemplativa.
4. El «Plano de Situación» (Establishing Shot)
En el cine, antes de mostrar una conversación íntima en un café, solemos ver un plano general de la calle o la fachada. Esto sitúa al espectador: «Ah, estamos en París, es de día».
En el diseño digital, subestimamos la necesidad de situar al usuario. Cuando alguien aterriza en una landing compleja o en una página profunda de una web, necesita su «plano de situación» inmediato:
- ¿Dónde estoy? (Títulos claros, migas de pan).
- ¿Qué puedo hacer aquí? (Navegación visible, CTAs claros).
Sin ese contexto inicial, el usuario se siente como si lo hubieran soltado en medio de una escena sin saber quiénes son los personajes.
Conclusión: De la narrativa lineal a la interactiva
En el diseño hay que tener algo claro: contar historias de forma clara y efectiva.
Diseño las opciones para que sea el usuario quien decida su propia película. Y entender la estructura narrativa es lo que hace que esa película merezca la pena ser vivida.